… Y transmitirlo a todo el equipo

Acabamos de terminar nuestra vendimia en Ribera del Duero y, después de un año tan complicado como este 2017, por fin hemos salido de dudas y sabemos ya la producción que tendremos para este año: unas 20.000 botellas de Alonso del Yerro.

Hasta ahora no me había atrevido a escribir sobre la fatídica helada del 28 de abril porque, con mi espíritu siempre optimista, opté por esperar a ver los resultados reales para poder hablar de manera positiva. Y sí, eso voy a hacer.

Pero primero quiero contaros cómo ha venido este año:

Seguramente todos habréis oído que, a primeros de abril, mientras disfrutábamos de la Semana Santa, tuvimos unos días prácticamente veraniegos que propiciaron la brotación de la viña y que nos hacían pensar, ilusos de nosotros, que iba a ser un gran año. El viñedo estaba espectacular; había brotado la viña y todos los frutales estaban en flor. Me harté de hacer fotos que he dejado archivadas para otro año, porque cuando descendieron bruscamente las temperaturas a finales de abril todos nos temimos que llegaría una helada y nos arruinaría esos frutos. Efectivamente, la noche del 28 bajaron las temperaturas a -6ºC durante varias horas y a la mañana siguiente despertamos con la certeza de que nos habíamos quedado casi sin uva para este año. Y los frutales siguieron la misma suerte, o incluso peor porque no han dado un solo fruto (curiosamente, ni siquiera han brotado las moras silvestres).

Las heladas se sucedieron en distintas zonas de España y Francia y a nosotros nos afectaron muchísimo aunque, como siempre, hubo algunas zonas que no lo padecieron tanto, bien porque iban más retrasados con la brotación o porque, sencillamente, tuvieron más suerte y la helada no les tocó. En Toro, por ejemplo, no pasó absolutamente nada y, sin embargo, en la Ribera del Duero se extendió muchísimo. Los días siguientes se escribió mucho sobre el tema, se preguntaban cuáles serían las consecuencias para la añada siguiente y se daba por perdida esta añada. Y todos los comentarios eran desoladores.

En nuestra casa, los primeros días después de la helada Lionel nos contaba que había que esperar un poco para ver lo que realmente estaba afectado, pero que contáramos con un porcentaje muy elevado de viñedo helado. Y lo decía preocupado y desanimado, pero con la esperanza de que al final tampoco fuera tan malo. Y cuando le preguntábamos qué había que hacer a continuación, nos decía que teníamos que esperar a ver cómo se comportaba la uva de segunda generación, que sin duda brotaría, y que observaríamos cómo continuaba el ciclo vegetativo; en otras palabras, que no fuéramos pesados y no preguntáramos porque era imposible hacer una estimación real del vino que íbamos a obtener en 2017. Y así ha sido hasta el último día de vendimia, la verdad.

Respecto a los cuidados que requeriría el viñedo para el año que viene, en nuestro caso no le preocupaba excesivamente porque como siempre hacen la poda los Antonios y él mismo, para el año que viene será necesario hacerla de manera más cuidadosa y nada más.

Pero como la ley de Murphy siempre está presente y si algo va a salir mal, saldrá peor, para complicarlo un poquito más no hemos tenido una gota de agua en este año, de modo que la pobre planta ha sufrido más de lo que podía soportar y hemos visto cómo el follaje cambiaba de color y comenzaba a caer varios días antes de recoger la uva. Parecía como si quisiera decirnos: ya que no tengo reservas suficientes, dejo que se caiga la hoja para darle toda mi fuerza a las uvas. Realmente desanimaba darse una vuelta por los viñedos y ver cómo estaban sufriendo las plantas.

En fin, con estas perspectivas, Lionel realizó el sano ejercicio de hacer una estimación de uva unos días antes de comenzar la vendimia y se ha aproximado mucho a la realidad. Si sus estimaciones eran que obtendríamos un 38% de uva de la producción que normalmente tenemos, nos hemos quedado en un 37%, lo que nos confirma lo que ya sabemos… ¡eres un genio, Lionel!

Y ahora llega lo positivo: afortunadamente, la uva ha madurado bien y lo que hemos recogido tiene buena calidad. Y comienza un trabajo apasionante para Lionel: conseguir que esta pequeña producción de 2017 se convierta en un Alonso del Yerro delicioso, que todos podamos disfrutar.

Está claro que los años acabados en 7 no nos sientan bien en esta casa. Os recuerdo que en la añada 2007 sufrimos un pedrisco que nos impidió hacer María y que también tuvimos una pequeña producción de Alonso del Yerro… y de la añada 2017 tendremos que poner también la rosa roja en la etiqueta de Alonso del Yerro, pues de nuevo no podrá salir al mercado nuestro María.

Pero es necesario recordar también que después de la añada 2007, llegó la añada 2008 donde tuvimos una cosecha espectacular y así será, sin duda, en la añada 2018.

Y para el año 2027… ¡nos vamos todos de año sabático!

-María