El pasado 9 de junio recibimos a las amigas “blogueras” de mi hija María y algunos amigos nuestros, en un encuentro familiar, con la excusa de presentar el enoturismo en Viñedos Alonso del Yerro.

Se trataba de pasar un día en el campo, rodeados de familia y amigos, alejándose de la rutina y de la ciudad. ¡Y sin duda lo conseguimos!

Nos reunimos unos 20 mayores y 34 niños; sí, estáis leyendo bien, ¡34 niños! Y todos entre 9 años y 11 meses… Es maravilloso observar a estas valientes familias, con 3, 4 e incluso 5 niños cada una, que disfrutan de la vida en familia como nosotros y que hacen de cada instante, un motivo para recordar.

Llevábamos días mirando insistentemente Accuweather para ver si cambiaban las previsiones, pues daba lluvia, lluvia y más lluvia. Y así amaneció, con unos nubarrones enormes que confirmaban que, desde que existe Internet, ya no hay chaparrones sorpresa.

Afortunadamente, el tiempo nos respetó hasta después de comer. Eso sí, a partir de entonces, no paró de llover ni un instante, y lo hizo con fuerza. Aunque es cierto eso de que los niños no sienten la lluvia porque corrían por el campo calándose como si hiciera un día espléndido, con gran desesperación de alguna madre que ya estaba imaginando el catarro del día siguiente.

Aun así, nos dio tiempo a visitar la bodega por la mañana, mientras los niños tomaban su aperitivo. Y pudimos dar una vuelta andando por el viñedo, enseñando a los niños los racimos en pleno desarrollo y los tipos de suelos que se distinguen con sólo mirarlos.

 

Mientras los niños comían, los mayores disfrutaron de una cata de nuestros tres vinos, Alonso del Yerro, María y Paydos, dirigida por Miguel. Y, al terminar la cata, jugamos a que trataran de identificar los vinos a ciegas… ¡ojo, que la mayoría los adivinó!

 

De la comida se encargó Catering Maldon y fue todo un éxito, como siempre. En esta ocasión había un puesto de huevos con migas, picadillo, morcilla y ensalada de pasta, magníficamente decorado. Y eso después de haber disfrutado de un aperitivo delicioso con jamón, salmorejo, brochetas de salmón, torreznos y un puesto de aceitunas con gildas, cebollitas, etc., todo típico español.

Y después de comer, cuando estábamos terminando el postre, llegó la esperada lluvia… Como buenos previsores, habíamos puesto una pequeña carpa para los niños y allí nos refugiamos para hacer la cata que teníamos prevista para ellos. Se trataba de una cata muy básica para que distinguieran los sabores ácido, amargo, dulce y salado y hasta los más pequeños los identificaron, entre risas y caras de asco, cada vez que probaban de su “copa” uno de los sabores que habíamos preparado, mezclados con agua. Y terminaron tomando un mosto y brindando entre ellos, encantados con su cata y sintiéndose tan importantes como los mayores.

 

Fue un día muy especial y espero que podamos repetirlo todos los años.

¡Gracias a todos por venir!

-María