Puff, yo pensaba que eran exageraciones o esperaba que, al menos, tardara millones de años en apreciarse el cambio climático, pero en los últimos meses, no sé si es por mi estado de ánimo (que, sinceramente, no me parece que esté bajo) o porque ya me estoy concienciando, no hago más que ver “muestras” de que ese cambio ya está aquí.

Cuando nos embarcamos en esta maravillosa aventura, recuerdo que Javier y yo solíamos hablar del peligro de las heladas en el viñedo, pensando si merecía la pena asegurar el viñedo o no, e incluso estudiando algunos métodos para proteger nuestros viñedos y, todo lo que leíamos sobre la historia de la Ribera del Duero era que cada 3 o 4 años había una helada o un pedrisco en marzo o abril que perjudicaban las cosechas.

Nosotros compramos el viñedo en 2002 y en 2005 estábamos aterrados, pensando que ese año llegaría la temida helada; y en 2006 igual, pero nada, no tuvimos ningún problema hasta la añada 2007, cuando un granizo nos hizo polvo por primera vez, y además en mayo, cuando el peligro tradicional de heladas ya había pasado. Ya entonces la gente de la zona comentaba que el tiempo estaba cambiando, que antes no se conocían heladas en mayo o en septiembre y que en esos años se estaban generalizando; hasta aquel año, nosotros habíamos ido observando el clima que llamaban típico en la Ribera: inviernos fríos, con fuertes heladas, lluvias en primavera (unos años más que otros) o veranos y otoños cálidos (también algunos más que otros). Y desde 2007, seguíamos esperando alguna catástrofe a los 3 o 4 años, pero no llegó hasta 10 años después, en 2017, y esta vez en abril, como ya he descrito en otro post.

Pero desde el año 2010 venimos observando muchos pequeños cambios durante el año, con un cambio de estaciones que nos preocupa mucho: el invierno se ha ido retrasando cada año más, de manera que en enero y febrero estamos cada año con temperaturas más altas y en abril y mayo llegan unos fríos de invierno que nos descabalan totalmente. Y algún año no hemos disfrutado de la primavera como tal, pues ha pasado del frío al calor asfixiante en junio, así, de un día para otro. Y en otoño, exactamente igual: se alarga el verano hasta prácticamente diciembre, salvo alguna semana de frío polar que vuelve locas a nuestras plantas. Y desde 2013 hemos dejado de tener nieve o heladas en los viñedos en enero y febrero. Comparando las fotos de esa época con las fotos de estos últimos años, se puede observar la diferencia.

El viñedo en febrero 2018

El viñedo nevado en febrero 2009

 

Por otra parte, se han multiplicado las lluvias torrenciales, de muy corta duración, pero capaces de arrasar cosechas enteras y no hay fecha fija para ellas. Pueden ser en primavera, en verano o en otoño, o en lo que aún conocemos nosotros por esas estaciones.

Viñedo en febrero 2019

Viñedo helado en febrero 2012

Creo que tenemos que mentalizarnos todos, que hay que unirse para proteger nuestra querida Tierra y para ayudar a las futuras generaciones a que puedan vivir en ella.

Os animo a que leáis este artículo donde nos explican las causas del cambio climático y cómo ayudar a retrasarlo.

Y sí, me han convencido, y espero convenceros a vosotros: hay pequeñas costumbres que tenemos que cambiar en nuestra vida diaria, como es reciclar de verdad, ahorrar en el uso del agua con detalles tan tontos como ducharse en lugar de bañarse o no dejar el grifo del agua abierto cuando fregamos en la cocina; apagar las luces cuando no sea necesario tenerlas encendidas; utilizar solamente la calefacción o el aire acondicionado necesarios para una buena temperatura; apagar los televisores cuando no se utilicen (no dejarlos en standby) y desenchufar los cargadores de los móviles al terminar de cargar el móvil.

Por supuesto, si además de todo esto, empezamos a utilizar más el transporte público o nuestras piernas en las grandes ciudades, aportaremos nuestro granito de arena para que la contaminación no se instale en nuestros cielos.

Y, si tenemos la oportunidad de plantar árboles, estaremos combatiendo la deforestación provocada por la falta de lluvia o los incendios, además de colaborar en el embellecimiento de nuestra Tierra.

¡Animo, que la Tierra es de todos!

-María