Si tu cuñado es el típico que presume de saber de vinos y va diciendo por ahí que no le gustan los vinos de Toro… ¡esta es la tuya!
La próxima vez que tu suegra reúna a la familia, le pones a ciegas un Paydos. Como no lo ha traído él, le costará reconocer que está bueno; lo más seguro es que se quede callado. Pero si te fijas bien, empezarás a notar en su mirada una mezcla de odio y admiración.
Lo tienes a tu alcance. Ve desvelando que es el vino de Toro de Alonso del Yerro, una producción súper limitada de 5.000 botellas, que proviene de vasos de Tinta de Toro de 80 años, de la mejor zona de Morales de Toro, con un suelo de guijarros arenosos sobre arcilla.
Está alucinando… tú sigue contando que, por supuesto, está vendimiado a mano, seleccionado en bodega con el máximo cuidado y que lo elabora un enólogo francés.
Ya lo tienes en las cuerdas, llega el momento de rematarlo: pregúntale si está notando que lleva un pequeño porcentaje de raspón para dar dirección y frescor al vino…
En un último suspiro, si tu cuñado es duro de pelar, puede que te pregunte por la crianza. Contéstale que, aunque no te parece lo más relevante, ha pasado 15 meses en barricas de roble francés fabricadas por los mejores toneleros, 1/3 nuevas, 1/3 de 1 vino, 1/3 de 2 vinos.
¡KO! Ya está blanco, con la frente sudada y la mirada vacía. Enseguida intenta cambiar de asunto recordándote, a ti que eres del Atleti, que el Madrid ha ganado la Champions. Pero no engaña a nadie; le ha encantado el vino y no para de servirse.
Lo bueno es que, a la quinta copa, estará borracho y soltará alguna barbaridad delante de la suegra.
Pobre cuñado ¡Hoy no es su día!

-Lionel